Crónica Per Caleyes y Senderos

El fin de semana del 21 al 23 de junio, presentamos nuestras primeras jornadas de cultura en el rural, y fue toda una experiencia. Creemos que pudimos crear un espacio de intercambio y aprendizaje que reunió a visitantes de múltiples generaciones, proyectos y procedencias, abarcando toda España e incluso las Islas. Acaban de terminar, ¡y ya estamos pensando en las siguientes! Pero antes, queríamos contaros un poco cómo se desarrollaron.

El primer día, tras la apertura y bienvenida, presentamos los resultados del estudio “Mapeando La Cultura Rural” que realizamos esta primavera a través de una encuesta online. Nuestra gestora cultural, Antía, explicó en conversación con el investigador y director del Centro d’Investigación y Ecomuséu La Ponte, Jesús Fernández, la metodología, objetivos y conclusiones del estudio. 

Tras la devolución de los resultados, que sirvió para tocar varios temas que trataríamos el resto del fin de semana, nos pusimos a caleyar camino el Llagar de Mestas-Nando, en Mestres (L’Infiestu). Allí, pudimos charlar con el dueño del Llagar, Nando, sobre la situación de la industria de fabricación de sidra tradicional en gran y pequeño formato, como es el caso de su llagar. La charla con Nando fue la introducción a nuestra mesa redonda sobre cultura y territorio, moderada por Jesús Fernández y contando como ponentes con Sara Álvarez del proyecto camminus y Lucas Rodríguez Marcos de El Cinorrio. En la mesa conversamos sobre discursos simplistas acerca de la vida rural y de lo que significa desarrollar actividades culturales en este entorno, desde la perspectiva de Sara, más institucional y la de Lucas, más autogestionada. Ambos ponentes creen firmemente en el trabajo con la comunidad y nos cuentan que en su experiencia no sirve de nada idealizar la vida en el campo, sino que la escucha y la curiosidad son los motores que les han ayudado a crear programas que implican a todo el mundo. También hablamos sobre los usos extractivos del territorio, se abrieron cuestiones como la modificación del paisaje en relación a la cultura, y el papel de los agentes culturales a la hora de acercar los discursos ecologistas al público rural. Terminamos la jornada probando la sidra Mestas-Nando, escanciada por el propio Nando, bien fresca y con sabor.

Como sabéis, la actividad de la noche del viernes 21 de junio: el Observatorio Astronómico en el Monte Cayón con Allande Stars, se canceló porque tuvimos a Nuberu en contra.  Estamos planeando retomarla en septiembre, y os avisaremos en cuanto tengamos una fecha fija.

El segundo día comenzamos con otra propuesta de mesa redonda poco convencional. Conchi Villama, de la Asociación Músico Cultural Bocanegra, se desperezaba y salía de una tienda de campaña montada en la Sala Polivalente, rodeada de sillas de camping, termos, y más elementos que evocaban un campamento en la montaña. Así, y con la cabecera de “El Hombre y la Tierra” de fondo, Elena y Zulema de Ye too ponese daban inicio a una jornada sobre la supervivencia en los tiempos modernos de los proyectos culturales. Llevando esta metáfora hasta el final, Conchi contó la experiencia de la longeva y local AMC Bocanegra. Luego, creamos grupos para identificar nuestras metas o cimas, las amenazas que identificamos en cada caso y los antídotos o soluciones que imaginamos. Al terminar, escuchamos las experiencias y diferentes procesos, complejizando así nuestro propio relato, algo que pensamos que fue muy sanador para las personas asistentes. La necesidad de crear redes de colaboración fue un tema recurrente. Desde La Benéfica estamos reflexionando sobre la mejor forma de articular estas redes para fortalecer el tejido cultural en el medio rural. El final de la mesa fue un juramento al estilo “Boy Scout”, leído por Conchi. Comimos también malvaviscos, no hubo hoguera, pero sí nos sentimos más cálidos gracias a toda la experiencia compartida.

Tras la comida en La Cueva, tuvimos una tarde de formaciones alrededor de la idea del quemazu, esa sensación de frustración que muchas veces nos quita la motivación para continuar realizando nuestros proyectos. El primer taller teórico-práctico fue sobre financiación, ¿cómo podemos pensar en la financiación de forma sostenible, para evitar este quemazu? Cristina y Mauricio de NANOMA nos explicaron sus claves, y nos ayudaron a ver y entender las necesidades de los diferentes proyectos para así construir un plan de financiación con sentido para cada situación. 

El siguiente taller fue a cargo de Lareira Social, durante hora y media estuvimos en manos de Cristina, Karina y Julia, que nos abrieron un espacio para poder hablar de nuestros malestares y nuestra necesidad de parar. Quemazu: frenar para poder vivir fue una experiencia removedora necesaria para poder dar lugar a ese dolor que todas compartimos y que proviene de un mundo que prioriza la velocidad y el deber ser frente a la escucha y la autenticidad. Cerramos esta formación conmovidas, y fuimos hasta la capilla de El Prial para terminar la jornada.

En la capilla nos esperaban dos personajes con trajes futuristas, embajadores del Instituto del Tiempo Suspendido, que nos hicieron replantearnos la idea del tiempo desde la modernidad y nos animaron a crear con las manos un anclaje a nuestro tiempo de disfrute. El Taller-Performance de Atrapatiempos de Raquel y Xavier fue un momento delirante y surrealista, casi dadaísta, en el que pudimos conectar desde algo más artístico con la nuestra propia idea del tiempo. Así acabamos el segundo día, con una sensación casi mágica.

El tercer y último día de las jornadas fue particularmente emotivo. Comenzamos sentados en círculo, en una mesa redonda de nuevo poco convencional, en la que ponentes y moderadora se entremezclaban con el público para contar sus experiencias a modo de narración. No fueron narraciones al uso: pudimos jugar con Paco Paricio, de los Titiriteros de Binéfar, antes de escuchar su relato y aventuras; tocar con las manos la lana de la oveja carranzana y los tejidos fabricados con la misma de Joseba y Laura de Mutur Beltz. Lucía Camón, de Pueblos en Arte, guiaba la conversación con su visión soñadora y amorosa. Escuchar las historias de estos dos proyectos, cada una en su forma particular, nos dejó ver una vez más que no solamente hay un camino por el que se llega a realizar un proyecto cultural en el rural, y sobre todo a entender que los resultados, el éxito, también son muy diferentes y no corresponden siempre a la idea hegemónica de triunfo, asociada a que un proyecto nos dé mucho dinero o que crezca de forma inabarcable.

Por la tarde, tuvimos nuestra última formación con la gestora cultural Zoe Mediero y Laura Lara de Raposu Roxu, dos profesionales con mucha experiencia que nos acercaron a la mediación cultural desde ejemplos concretos. Así, aterrizaron este concepto y lo que conlleva, también poniendo sobre la mesa el papel de la economía de cuidados, del territorio en la conformación de un proyecto cultural que pueda ser interesante y para que una comunidad quiera participar de ello.

Tras la formación, fuimos hasta la Casa de Cultura de Infiesto, ya para dar el broche final a las jornadas. En este evento de cierre, disfrutamos de «Café, galletines y cuentinos», el espectáculo de las mujeres que se reúnen semanalmente gracias al trabajo de Riu Fontoria. Gloria, Margarita, María José, …. se sentaron alrededor de una mesa, como suelen hacer cada lunes desde que comenzaron con este proyecto como una continuación estival a las clases de memoria que realizaban durante el curso. Nos cantaron y contaron sobre su disfrute en cada sesión, fue muy emocionante verlas en su timidez, en su orgullo también y sobre todo en su goce. Tras ellas, los Titiriteros de Binéfar nos presentaron En la boca del lobo, un viaje nostálgico y divertido para jóvenes y adultos a través de las canciones tradicionales de nuestra infancia. Su actuación dejó claro que hay una cultura común, que nos conmueve y une a pesar de las diferencias generacionales. Este momento final fue particularmente emotivo, reafirmando que la cultura es para todo el mundo y es algo que compartimos y celebramos juntas.

Estas jornadas no solo nos enriquecieron con conocimientos y contactos, sino que también nos recordaron la importancia de compartir, encontrarnos y escucharnos cuando creamos cultura, especialmente en el medio rural. Seguiremos trabajando para fortalecer estas redes y mantener vivo el espíritu colaborativo que se ha generado. ¡Hasta la próxima!

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